DETRIORO COGNITOVO Y EJERCICIO

La edad avanzada es un concepto difícil de definir, ya que hoy entendemos el envejecimiento como un proceso continuo, condicionado por circunstancias individuales, tanto biológicas como ambientales. Aunque resulta complejo establecer un límite claro, sí sabemos que el paso de los años se asocia a un incremento de procesos patológicos, entre ellos el deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer, cuyas causas exactas aún no se comprenden del todo, ni tampoco los mecanismos precisos de las alteraciones que aparecen en el cerebro con el envejecimiento.

El envejecimiento implica un debilitamiento progresivo de los tejidos, alteraciones en la función celular y la activación de procesos inflamatorios, muchos de ellos potenciados por hábitos poco saludables que impregnan la vida diaria y erosionan, con el tiempo, el funcionamiento del organismo.

Mantener unos hábitos de vida saludables durante toda la existencia no es fácil: cuidar la nutrición, evitar el tabaco y el alcohol, practicar ejercicio físico con regularidad y controlar el estrés son retos constantes, pero constituyen la base más sólida para preservar la salud cerebral y general en la vejez.

El deterioro cognitivo, Alzheimer, está aumentando y aparece a edades cada vez más tempranas, afectando a millones de personas. Esto no solo deteriora su calidad de vida, sino que también supone una presión devastadora para sus familiares y cuidadores. Diversos factores contribuyen al inicio de este deterioro cerebral, entre ellos la nutrición —de la que hablaremos más adelante—, pero también la falta de actividad física.

La práctica regular de ejercicio no solo fortalece el cuerpo, sino que desencadena procesos bioquímicos que benefician directamente al cerebro. En particular, estimula la producción de sustancias que favorecen el crecimiento de nuevas neuronas y ayudan a preservar la función cognitiva a lo largo del tiempo. Durante el ejercicio, el músculo libera substancias que actúan sobre el cerebro y aumentan los niveles de una proteína fundamental para mantener activas las conexiones neuronales, el Brain Derived Neurotrophic Factor (BDNF). Esta acción tiene un impacto directo sobre la memoria, la capacidad de aprendizaje y la resistencia frente a enfermedades como el alzhéimer o el párkinson.

El beneficio del ejercicio es especialmente relevante en las personas mayores. A partir de cierta edad, la masa muscular comienza a deteriorarse rápidamente si no se estimula. El entrenamiento, en especial el de fuerza, contribuye a frenar esta pérdida, previene la fragilidad y reduce la dependencia. Además, la actividad física favorece la liberación de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, que están directamente relacionados con el bienestar emocional.

Por todo ello, recomendamos que el ejercicio forme parte de un estilo de vida saludable, siempre adaptado a las capacidades de cada persona y sin convertirse en una fuente de incomodidad o imposición.

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